
Era un hombre de mediana edad, su rostro quemado y sus bucles que colgaban a medio cuello eran dorados como el sol, su mirada era verdoza como el verde de una hoja que había vivido la mitad de sus días y su ropa era mínima, una camiseta manga corta de un color lavado muchas veces que a penas se podía definir y sus pantalones color crema también no en muy buenas condiciones y parecía que caminaba descalso. Salía de algún lugar cuando a lo lejos miró detenidamente el mar que se retractaba tomando una fuerza violenta, comenzó a correr por la arena de color crema mediano hasta llegar al edificio donde estaban la mayor parte de los habitantes de esa área, y decia --Tsunami Tsunami!!!!! Salgan, corran, huyan!!!!-- Habían personas que al escuchar la voz de alerta se apresuraban como cuando se aglutinan rohedores prontos a salir de una jaula, sin embargo, había un grupo de personas paradas en la arena mirando cómo reaccionaba el mar, estaban como paralizadas y no hacían movimiento alguno a favor de sus propias vidas, era como si esperaran la muerte sin tener opción a luchar para sobrevivir.
El hombre de la mirada verde luego que avisara a todos para que tomaran acción de evacuar sus lugares, corrió apresurado hacia donde se encontraba su esposa y la tomó del brazo, ésta se veía atolondrada e ida de mente, como si no estuviera presente en la realidad; mientras caminaban rápidamente hacia una lugar alto, otra mujer se les acercó a los dos tratándoles de convencer que esperaran un poco que no se apresuraran, la mirada de la mujer era extraña y hasta insistente pero con cordura y se dirigía a la esposa sabiendo que ésta era más fácil de convencer, pero al ver el esposo lo que decía la mujer se presipitó e interrumpiéndola le dijo --No! Nosotros no nos podemos quedar, nosotros nos vamos y punto!!-- Sus palabras eran determinadas y llenas de autoridad. Cuando la mujer vio que no los pudo convencer para que se quedaran de repente su rostro se encolerizó y cambió de su previo estado de cordura a uno malvado sacando a la luz sus reales motivaciones... envidia... esa mujer envidiaba a la esposa, pero por qué, si esa señora no tenía nada y hasta su existencia era mínima. La mujer deseaba que el agua del mar llegara y arropara llevándose la vida de la esposa, sin embargo lo que ella no sabía era que no solo moriría la esposa sino también ella misma. Su envidia era tan profunda como un hoyo lleno de aguas negras y fango tan oscuro que no le permitía ver que si moría la pareja también moriría ella.
A lo lejos había una torre de ladrillo bien alta y fortificada, el hombre clavó su mirada en su esperanza y se dirigió a ella sin miramiento junto a su esposa dejando atrás esa mujer malévola que solo quería hundirles y despedazarles.
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--♥Este relato es un sueño que tuve la mañana del día 25 de marzo del 2011♥--

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